Enrique Marty. Las apariciones
Exposición en el Castillo de Ampudia en diálogo con sus espacios y las piezas de su colección.
De 6 de junio a finales de septiembre de 2026. Solo visitable con cita previa.
Comisarios: Pedro Gallego de Lerma y Cristina Fontaneda con el apoyo de Eugenio Fontaneda
En el extraordinario marco del Castillo de Ampudia, sobresaliente por su arquitectura, su entorno en la comarca de Tierra de Campos y muy especialmente, por las colecciones allí depositadas por Eugenio Fontaneda y compuestas por obras de arte y objetos pertenecientes a tiempos, usos y sistemas simbólicos distintos, Enrique Marty propone un proyecto expositivo titulado Las apariciones. Una intervención que pretende ser una infiltración lenta en un ecosistema de memoria, colección y representación más que una acción ilustrativa sobre el castillo o una reconstrucción histórica.
Desde hace años, Marty ha desarrollado una obra centrada en representar sus reflexiones en torno a la familia, la infancia, la violencia simbólica, el artificio y la construcción ambigua de la memoria. En muchos casos sus intervenciones han tenido como protagonista y objeto espacios como el actual, con una destacada carga simbólica: la Catedral de Amberes, las capillas de los museos Patio Herreriano de Valladolid o Barjola de Gijón, el Museo Lázaro Galdiano de Madrid, The Mesdag Collection en La Haya y otros ámbitos en múltiples museos de arte clásico donde ha relacionado sus obras con las de sus colecciones.
El castillo de Ampudia, situado en la provincia de Palencia, entre su capital y Valladolid, es un destacado ejemplo de castillo-palacio señorial castellano. Construido entre 1461 y 1488, a principios del siglo XVII se convirtió en sede ocasional de la Corte española antes de entrar en un largo período de abandono que concluyó en 1960 –tras haber sido declarado Monumento Nacional en en 1931– con su adquisición por Eugenio Fontaneda, quien lo reconstruyó para acondicionarlo como museo para sus colecciones de objetos de arte y antigüedades.
Este museo de carácter privado se distribuye en varias salas o colecciones: Arqueología; Arte Sacro; Juguetes de épocas diversas; Armas y Aparatos Musicales; Farmacia y Etnografía y Artes Populares. Además, las estancias de carácter residencial y relacionadas con la vida privada de los que fueron “señores del castillo” y de sus actuales propietarios –diversos salones y dormitorios, adarves, biblioteca, Torre del Homenaje o Mazmorras– acogen cuadros, esculturas, tapices, alfombras, incunables y un sinfín de objetos de las diversas épocas en las que el castillo formó parte destacada del paisaje histórico castellano.
En este singular entorno y a partir de esa acumulación de objetos pertenecientes a tiempos, usos y sistemas simbólicos distintos, Enrique Marty propone este proyecto expositivo titulado Las apariciones. Una intervención que pretende ser una infiltración lenta en un ecosistema de memoria, colección y representación más que una acción ilustrativa sobre el castillo o una reconstrucción histórica. Continúa así con una linea de trabajo centrada desde hace años en representar su disección de lo más oscuro de la familia, la infancia o la violencia simbólica, pero también el artificio y la construcción ambigua de la memoria que frecuentemente han tenido como protagonistas espacios con una destacada carga simbólica (la Catedral de Amberes, las capillas de los museos Patio Herreriano de Valladolid o Barjola de Gijón, el Museo Lázaro Galdiano de Madrid, espacios de The Mesdag Collection en La Haya, la cava de Domaine Pommery en Reims o salas de múltiples museos de arte clásico donde ha relacionado sus obras con las de sus colecciones).
En el castillo de Ampudia, Las apariciones se organiza en dos niveles espaciales y conceptuales diferenciados que, junto a las obras de Marty, van a permitir a los visitantes apreciar pausadamente el valor de las colecciones ahí alojadas. En la planta inferior, varias esculturas de principios de los 2000 insertadas en dos de las salas de la Colección de Eugenio Fontaneda (Farmacia y Juguetería, que además están abiertas al público en el horario habitual de vista del castillo sin necesidad de cita previa); y en las estancias de carácter residencial de las plantas superiores son las pequeñas pinturas al temple sobre tabla y las esculturas recientes de las series Non melancholic scenes y Storm Scenes las obras que construyen un paisaje mental organizado como si cada elemento formase parte de un sistema de clasificación secreto o delirante. Así, ruina, vegetación, animales, agua, símbolos históricos y escenas mínimas conviven en una especie de cosmología híbrida en la que el castillo aparece representado como una presencia distante; un eco histórico absorbido por el tiempo y por la naturaleza.
Como no podía ser de otra manera tratándose de la obra de Enrique Marty, esta exposición quiere provocar otra mirada al introducir una nueva ordenación dentro de la Colección Fontaneda que apela a una taxonomía de la memoria, del trauma, de la ruina, la ficción histórica, la herencia emocional o las imágenes que sobreviven deformadas a través del tiempo, enfrentada a la organización histórica y material a la que alude el museo. En este contexto, el Castillo de Ampudia deja de ser únicamente un escenario expositivo para convertirse en un aparato de memoria: un lugar protagonista donde colección, ficción histórica, acumulación cultural y fantasma contemporáneo terminan formando parte de un mismo organismo.
Sobre Enrique Marty
La obra de Enrique Marty (Salamanca, 1969) siempre ha mezclado diferentes medios –pintura, escultura, dibujo, vídeo y animaciones– para componer impactantes escenografías con las que pretende una exploración casi enciclopédica de la llamada vida cotidiana, que para él no es sino una comedia humana repleta de pasajes oscuros. Para ello graba incansablemente experiencias personales y de la cotidianidad ajena en las que no interpreta, sino que se limita a reproducir, enfrentando al espectador a lo siniestro, a esas situaciones en las que lo familiar nos resulta inquietantemente extraño.
Enrique Marty declara que pretende sacudir e incomodar al espectador y enfrentarle con personajes y escenas que han perdido su tranquilizador aspecto cotidiano para desplazarse al terreno teatral del esperpento y la sátira. De ahí que el absurdo, la tensión y la angustia soterrada afloren en su trabajo, desestabilizando la realidad convencional.
Su personal mirada se puso ampliamente de manifiesto en La familia, su exposición de 2000 en el Museo Reina Sofía de Madrid. Tras ella Harald Szeemann le seleccionó para The Real Royal Trip, que se mostró en el PS1 de Nueva York y el Museo Patio Herreriano de Valladolid. La inquietante Flaschengeist en el MUSAC de León en 2006 fue su siguiente hito, a partir del cual ha mostrado sus obras en alguno de los más destacados museos y bienales de Europa, América Latina y Asia, como la Bienal de Venecia (en 2001 y 2005), el Museo de Arte Contemporáneo de Querétaro (2005), GEM Museum of Contemporary Art en 2008, Kunsthalle de Mannheim en 2010, Palazzo Sant'Elia de Palermo, ZKM de Karlsruhe o museo Lázaro Galdiano de Madrid y DA2 de Salamanca, ambos en 2014. También en galerías como Casa Triangulo, Espacio Mínimo, Luis Adelantado, Enrique Guerrero, La Gran, Deweer o Keteleer.
“No tengo ninguna intención de provocar, pero sí de remover las entrañas. Lo perverso, lo cruel, no están en mi obra, sino fuera, justo donde termina físicamente, en la emoción que genera. Ahí empieza la crueldad de verdad. Lo que ve el espectador es lo que lleva dentro. En realidad, lo que pretendo ser es un espejo.” (Enrique Marty)
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