Allí donde está el peligro

Valentina Vacó, Bogdan Chaikovskyi, Sheila Cañestro y Nicolás Romero

De 17 de enero a 28 de marzo de 2026. La Gran (Carabanchel, Madrid)

Allí donde está el peligro reúne a cuatro artistas que mediante su obra –siempre pictórica y alejada del gesto inmediato– reflexionan sobre el papel de la imagen en un mundo saturado de estímulos visuales. Frente a la inflación icónica, la muestra plantea una pregunta: ¿cómo crear sin que la potencia de la imagen quede domesticada por el mercado, la espectacularización, lo puramente formal o lo apolítico? Tomando como punto de partida las ideas de la teórica Hito Steyerl y la cita de Hölderlin que da título a la muestra, nos dirigimos a esta tensión entre la imagen y el contexto para situarnos en la huella, la herida; en aquello que puede convertirse en gesto de resistencia y, quizás, en aquello que todavía logra salvar.

En ese sentido, creemos que no existe un medio más poderoso para adentrarnos en la cicatriz de nuestra época que la pintura. Un medio que hemos defendido en cada exposición de la galería porque nos sigue interpelando con la dimensión simbólica que encierra y por su capacidad para actuar como espejo y herida a la vez. La pintura, entendida no como un gesto inmediato, sino como un proceso que se gesta lentamente, que pide ser pensado, imaginado y concebido en la mente mucho antes de tomar forma en la mano. Un asunto mental, como ya advertía Leonardo da Vinci.

Nuestra realidad se deshace en un flujo incesante de imágenes recombinadas. Y las artes visuales se ven forzadas a confrontar una pregunta urgente: ¿cómo crear sin que la potencia de la imagen quede domesticada por el mercado, la espectacularización, lo puramente formal o lo apolítico? En The Wretched of the Screen, Hito Steyerl advierte de que las imágenes han dejado de ser simples representaciones para convertirse en agentes activos del mundo; fragmentos móviles que cargan consigo tanto las huellas de su producción como las heridas del sistema que las fabrica y las recircula. Frente a la “imagen rica”, Steyerl reivindica la fuerza política de la “imagen pobre”: degradada, insurgente, venidera de otras, originada en los márgenes… Una imagen que se vuelve testimonio, cicatriz y desafío a la lógica del capital visual.

“Pero allí donde está el peligro / crece también lo que salva”. Hölderlin nos guía en esta exposición, que entiende la imagen como un territorio de riesgo y posibilidad. Desde ese espacio surge la potencia crítica, lo que resiste a la superficialidad, revela fisuras en el sistema y abre la posibilidad de pensar de otro modo.

Es en esa tensión donde se sitúan los artistas que hemos reunido. Explorando cómo la fragilidad, el exceso, el fragmento o la huella pueden convertirse en gestos de resistencia y, quizás, en aquello que todavía logra salvar.

Lejos de pretender una mera seducción visual, Valentina Vacó quiere desestabilizar, crear situaciones en las que el espectador es colocado en el mismo estado en que se encuentran los personajes de sus pinturas: en un equilibrio y una tensión deliberadamente buscada que les obliga —y nos obliga— a permanecer en estado de alerta, atentos a la ambigüedad y al engaño, a lo que se oculta bajo la superficie. Sus escenas han ido librándose del exceso y de la saturación y aparecen ahora casi esenciales y atravesadas por un humo corpóreo y vibrante que alude a lo efímero, a la fragilidad y al riesgo, a ese instante fugaz donde todo puede cambiar abruptamente en un pulso constante entre lo pasajero y lo eterno, entre la atracción de la belleza y la certeza de su inevitable desvanecimiento.

Bogdan Chaikovskyi fusiona sus conocimientos sobre pintura e historia del arte con imágenes de todo tipo que obtiene de fuentes muy diversas de la Red para realizar una reflexión sobre la inflación icónica, la dictadura del algoritmo y la propia supervivencia de la práctica pictórica en la era de Internet y las redes sociales. Para ello hace uso de herramientas conceptuales diversas, como el sarcasmo, la acumulación, la contradicción o el deterioro, pues a su pintura añade técnicas como la serigrafía que permiten la repetición incansable de los mismos motivos una y otra vez. Trabaja con la imagen como si fuese un cuerpo herido. Sus obras no buscan clausurar el sentido, sino dejar expuesta la herida, la cicatriz, la memoria, en una serie de repeticiones de la historia a través del primer plano y una técnica muy depurada que sin embargo, no busca la belleza superficial, sino conservar viva la tensión política que la originó.

Desde sus inicios como pintora, Sheila Cañestro ha desarrollado un lenguaje figurativo que aborda lo oculto, lo sombrío y lo inhóspito. Su obra se articula en torno a una constante: la inquietante extrañeza, esa experiencia que emerge cuando lo familiar se vuelve extraño e, incluso, perturbador. Su producción más reciente está centrada en acumulaciones de objetos y reliquias. Son pinturas, entre la figuración y la abstracción, trabajadas mediante una gama cromática deliberadamente restringida que potencia la pincelada como recurso gestual y otorga a la textura de la tela un especial protagonismo. Es una obra que busca evocar más que describir, creando un espacio donde lo cotidiano se desplaza hacia lo incierto y lo reconocible pierde su solidez, propiciando que la imagen genere su propio enigma.

Nicolás Romero, por su parte, se mueve en el terreno ambiguo de la cultura visual contemporánea, donde lo pop y lo digital circulan como lenguajes dominantes. Su estrategia consiste en apropiarse de esa estética solo para sabotearla: rostros exagerados o descontextualizados, contradicciones irónicas, disonancias visuales que emergen en el cruce entre la calle y la pantalla. Sus imágenes parecen reconocer la lógica del flujo viral, pero la distorsionan a su antojo, convirtiendo lo familiar en extraño. Su trabajo expone la fragilidad de estas identidades construidas en la red y expone, de forma sutil, su ligereza insustancial.

Breves biografías de los artistas

Valentina Vacó (Caracas, 1994) tras estudiar en Central Saint Martins cursó una licenciatura en fotografía en el Instituto de Estudios Fotográficos de Cataluña en Barcelona. Actualmente, en su estudio en Carabanchel, Madrid, se dedica a la producción artística y a la exploración centrada en la pintura. Ha expuesto individualmente en galerías y espacios de Madrid, Londres, Caracas, Barcelona o Andorra y su obra se encuentra en colecciones privadas de España, Inglaterra, Venezuela y Francia.

Bogdan Chaikovskyi (Lviv, Ucrania, 1998; vive y trabaja en Valladolid) estudió Bellas Artes en la Universidad de Salamanca y completó su formación con un Máster en Estudios Avanzados en Historia del Arte. Ha expuesto individualmente en la Sala de Exposiciones del Patio Escuelas de la Universidad de Salamanca y de forma colectiva en museos y centros de arte como el DA2 y el Palacio de La Salina de Salamanca o el Museo Pérez Comendador-Leroux de Hervás en Cáceres. Su obra forma parte de colecciones como la de la Universidad de Salamanca o la Fundación La Gaceta.

Sheila Cañestro (Málaga, 1991; vive y trabaja en Madrid) estudio Bellas Artes en la Universidad de Málaga, donde en 2021 se doctoró con una tesis sobre la inquietante extrañeza en la obra de varias pintoras figurativas. Ha recibido becas y estancias de investigación y producción en España, Europa y China y ha expuesto individualmente en centros públicos de Lisboa, Málaga y París, con obra en colecciones como las del Colegio de España en París, la Universidad de Málaga o la Fundación Antonio Gala en Córdoba.

Nicolás Romero (Buenos Aires, 1985; vive y trabaja en Madrid) comenzó su carrera artística siendo aún adolescente interesado por el arte urbano y firmando sus graffiti como Ever. En Argentina aún se podía observar el rastro de la dictadura militar y el arte en la calle era un espacio de expresión en libertad. Ha expuesto individualmente en galerías de Los Angeles, Roma, Querétaro o Buenos Aires; y ha participado en colectivas en Amsterdam, Tarento, Beijing, Shanghai, Madrid y otras ciudades en Francia, Sudáfrica, Austria, Australia, Mexico y Estados Unidos.

 

Vista de la exposición con obras de Sheila Cañestro y Valentina Vacó