ISM_Casas al aire_2015

"Donde ocurren cosas"

 

22 de octubre de 2016 a 14 de enero de 2017.

Partiendo de un hecho que pudiera parecer circunstancial, como es la incorporación de una andaluza al equipo de trabajo de La Gran, la galería abre nueva temporada con un proyecto colectivo formado por cuatro pintores nacidos o formados en dicha comunidad: Jesús Zurita (Ceuta, 1974), Irene Sánchez Moreno (Granada, 1983), Cristina Ramírez (Toledo, 1981) y Simón Arrebola (Torre del Campo, Jaén, 1979). De esta forma, se pretende reivindicar una ruptura de las fronteras geográficas, en la mayoría de los casos impuestas por el lenguaje político y administrativo, con el objetivo de acercar a Valladolid una pequeña selección de lo que ocurre actualmente al sur de la Península.

El título de la muestra “Donde ocurren cosas” es un guiño a la presencia del paisaje como objeto referencial en las obras de cada uno de los artistas que la conforman, donde la naturaleza va construyendo espacios oníricos mediante la transformación, ocultación o incluso reconversión de la realidad por diferentes medios. Además, este título es también una invitación a descubrir otros protagonistas, una forma de fijar el punto de mira en un escenario artístico alejado del contexto creativo en el que se inserta la galería.

 Simón Arrebola. "Teatro del dolor II", 2012. Grafito sobre papel. 30x40 cm.

Simón Arrebola. "Teatro del dolor II", 2012. Grafito sobre papel. 30x40 cm.

De esta forma, “Donde ocurren cosas” reúne pinturas y dibujos de Jesús Zurita, Irene Sánchez Moreno, Cristina Ramírez y Simón Arrebola pertenecientes a diferentes series de sus últimos trabajos, muchos de ellos inéditos. La elección de estos cuatro artistas parte de un afán común por la recreación de paisajes inexistentes que aunque en ocasiones tienen ciertas concomitancias con la realidad, rápidamente se desmarcan por la relevancia otorgada a sensaciones y elementos más característicos del mundo de los sueños o la ficción. Además, este interés por emanciparse del entorno cotidiano se ve reforzado por la fuerte carga de elementos simbólicos, así como por el singular carácter narrativo que poseen las obras. 

Objetos devastados o amontonados, arquitecturas precarias, grietas en la tierra, seres humanoides que ocultan su mirada o un bosque que crece despacio, morboso, hasta convertirse en una maraña desmesurada de elementos lánguidos en descomposición. Es así como el paisaje, otrora bucólico, se torna inhóspito, inaccesible, hostil. Un escenario trágico, a veces terrorífico, pero cargado de interrogantes que nos obligan a indagar en la pintura, abriendo una puerta a nuestro mundo interior y empujándonos a explorar nuestro lado más irracional en un proceso psicológico de liberación. 

 

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